divendres, 16 d’octubre del 2026

LA HERIDA DEL MUNDO

 LA HERIDA DEL MUNDO 

La guerra no tiene un rostro al que podamos mirar sin quebrarnos,

pero se reconoce en el olor espeso del hierro mezclado con el miedo y la pena,

en las calles abiertas como heridas que no pueden cerrarse

y en los nombres susurrados en voz baja, esperando que puedan regresar desde el humo.

Es un tiempo inerte detenido en el reloj de la vida

cuando la miseria humana decidió que el dolor debía repetirse sin descanso.

El cielo desde entonces solo trae tormenta y naufragio

y un relámpago constante que no anuncia lluvia, sino ausencia.

La guerra habla con palabras que nadie quiso aprender,

en cartas manchadas que olvidan el camino de vuelta a casa,

en los ojos de quienes han aprendido a esperar sin esperanza,

sosteniendo en sus manos un silencio pesado.

Aparece allí donde el pan escasea pero la tierra oculta un tesoro anhelado por otros,

donde la rabia se siembra como única cosecha posible para los olvidados.

Riega de odio a quienes alguna vez fueron piel y conciencia, destruye el presente, los sueños y las almas.

La guerra es un eco tozudo de errores no aprendidos,

una historia repetida con nuevas voces y la misma tragedia, donde todo parece rendirse a la destrucción y la ira.

Es la ausencia perenne y ahogada, la nostalgia que sangra, el miedo que lo ocupa todo, la huida a ninguna parte

mientras se anhela la calma frágil como la lluvia que respira entre las cenizas.

Y en otra parte del mundo voces diminutas ,casi invisibles, insisten en el fin y se alzan, una y otra vez, intentando frenar el desastre con la única verdad de la paz y la palabra, ,persistiendo en no caer en la derrota.